miércoles, 29 de mayo de 2019

El otoño.

Te trajo el otoño, capaz uno de los más fríos y solitarios otoños. Un verano se obstinaba a perpetuarse pero de él solo quedaban algunos rayos de luz. Se iba el verano y el se llevaba las noches con amigas, las cervezas hasta tarde y la murga en cualquier tablado. Se iban las cenas y las trasnochadas, las canciones en la madrugada y el despertador sin sonar.

Te trajo el otoño, en la plenitud de una nostalgia que renegaba en deshacerse de viejos recuerdos y una suerte de transformación, que tiñó la ciudad de hojas marchitas.

Ese rayo de sol que entibiaba el lugar, cuando apenas se hacía notar, te iluminó la sonrisa y entendí que el ocaso traía consigo la magia de la floración.  Llegaste y trajiste la serenidad, ya no hace tanto frío, ya no hay nostalgia.  En este ambiente, nuestras citas de amor no se detienen y el otoño, parecía no ser tan malo al final. Me terminó gustando ese otoño; la puesta de sol era cada vez más larga y hacía de mi hogar, el lugar perfecto.

Con el otoño llego el invierno y con el invierno, la primavera. No había estación que superara ese otoño, que te trajo sin preguntar y que te convirtió el lugar en el que siempre quería estar. Sin embargo te fuiste en el verano, cuando volvían las noches de calor y las cervezas con amigas. La murga en el tablado, y el sin fin de momentos que trae consigo la estación más alegre del año. A pesar de todo, ese otoño lo había transformado todo y había acunado al amor. Así seguía, igual de latente que la brisa que traía la mañana y acariciaba el alma.

Pasarán los veranos, los inviernos y las primaveras que quieras; pasará la lluvia, la tormenta y las flores de estación. Pasarán las tardes en la playa, las noches de películas y las tardes en la plaza. Pasará la nostalgia, pasará el recuerdo, pasarán las historias; pasará el olor a mar, el ruido a la lluvia golpear en el techo y los jazmines floreciendo en cualquier lugar; pero cuando llega el otoño es inevitable pensar en ti.