miércoles, 23 de enero de 2019

Lo entendí.

Nunca había creído necesario despedirme de los años, siempre me trajeron cosas buenas y siempre quise mantenerlas en el tiempo. Nunca creí necesario aplicar las técnicas de mi prima, a la antigua, para recibir el nuevo año.

Sabía de muchas cosas que las personas hacen y las veía, cada 31 cuando el reloj marcaba las 00:00, empezar el año arriba de un banco, tomar una copa de champagne,  dar la vuelta a la manzana con una valija o tirar un balde de agua a la calle. Las conocía a todas, pero nunca las ponía en práctica. Nunca quería que las cosas cambien, siempre quería que se mantuviera todo igual. Como una forma de querer congelar el tiempo, y que este no pase.

Sin embargo, todos los años son distintos y esa es la gracia del tiempo, no? Su constante cambio y transformación de las cosas. Unos meses atrás ya me habían dicho que el 2018 era el año de cerrar cosas, de culminar etapas y de darle un cierre a las historias. Las oportunidades se presentan, y uno se da cuenta con los días, la razón del tiempo.

Eran las 23:50 de ese tan ansiado 31, estaba sentada esperando que fueran las doce para recibir este nuevo año, con los brazos abiertos esperando las oportunidades. Me dejé llevar por lo que sentía en el momento, agarre un papel y un lápiz y escribí. Un montón de cosas que quería que se fueran con ese año, un montón de sentimientos que quería que se esparcieran por el aire y que flotaran lejos. Quería sacarme el nudo de la garganta y los sentimientos atrincherados en estómago, que dos por tres me hacían temblar.

Y escribí algunas de las frases que me identificaron y algunas palabras que compartí con personas y me traían su recuerdo. Sumergí el papel en el balde, que ya me esperaba en la portón de la casa de mis tíos. Dudé un segundo si me quería deshacer de todo eso. A veces uno cree que dar un paso, es tan sencillo como saltar una baldosa en la calle para no mojarte el pie.

Las 00:00, agarre el balde con fuerza y lo tire a la calle. Los pedacitos de papel, quedaron entre la calle y se deshicieron. Con el, todo lo que había escrito. Con ese pedazo de papel, todo lo que quería que se desintegrara de mi.

Esperé este nuevo comienzo hace mucho tiempo, a pesar de que no sé muy bien qué significa comenzar de nuevo. No creo en eso de hacer borrón y cuenta nueva y borrar recuerdos, como si pudiera apretar "eliminar este archivo".

Pero si confío en todas las decisiones que lo traen a uno donde tiene que estar. En la sabiduría del universo y la magia de la luna, que siempre nos topa con todo lo que podemos lidiar y tienen la respuesta de todo. Confié en que todo lo que sentí, cuando metí todos mis sentimientos adentro del balde, se iban a evaporar con el agua cuando los tiré.

Y los tiré tan lejos, y me despojé de tanta cosa que hasta perdí los miedos. Y ahora ya no le tengo miedo a romper con todo lo que no me entra, ni le tengo miedo al amor. No tengo miedo de tomar un café sola o ver la puesta del sol. Tampoco le tengo miedo a despertarme todas las mañanas sola, ni le tengo miedo al después de mi cumpleaños o a reinventarme una y mil veces más.

Cando me saqué todos los miedos de encima, cerré los ojos y entendí de qué se trata recibir un nuevo año: acomodarse el alma, sentir, respirar y sonreír.

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