lunes, 26 de noviembre de 2018
RompeTE
Creo que hay momentos en la vida, en que tenemos las cosas un poco más claras de lo que quisieramos. Y a pesar de eso, seguimos enganchados en constantes situaciones que no nos llevan a nada.
Para cambiarlas, para mostrar nuestra ausencia, para que nos echen de menos; hay que romper todo haciendo lío.
Cuando las situaciones se nos van de las manos, cuando ya no podemos manejarlas y son ellas las que nos manejan a nosotros y no podemos ponerle fin, lo mejor es salir por la puerta pegandole una patada y haciendo lío.
Uno ya sabe cuando sí y cuando no, pero todo ese quilombo de sentimientos no pone patas para arriba. Y su eterna racionalización, nos lleva a un túnel sin salida. A veces para que las cosas cambien, hay que sacudirlas, patearlas, romperlas.
Después si. Ya sabemos todos qué viene después de romper algo. Juntar todos los pedazos que te quedan esparcidos en la habitación. Limpiarlos un poco y ordenarlos. Bancarte la culpa que te pesa en la espalda, como la mochila de los jóvenes en plena secundaria, porque acabas de romper algo que quizás no lo cuidaste bien.
Después queda lo de siempre. Intentar que encastren de nuevo, como si tu vida fuera un puzzle. De esos que tienen un montón de piezas y te cansas de armarlo para que quede bien, y lo pateas. Pero cuando lo pateas, te das cuenta qué tan importante para vos era poder terminar de armar ese puzzle y que encastre bien, que quede lindo.
Ahí lo volves armar. A sabiendas de una revolución que te movió hasta la médula y que te ayudó hacer un poco de lío. Ahora volvé y abrí la puerta de una patada, pero ahora que te llene de adrenalina y de nervios, y no de miedo. Rompe y hace una revolución contigo, que te lleve a buscar lo que más queres y estás perdiendo.
Dale, rompe. Hace lío. Que no podes seguir perdiendo el tiempo soñando con esa revolucióN.
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