lunes, 24 de septiembre de 2018

el A m o u r

Cuatro letras que definen el sentimiento más estable, intenso, poderoso y cambiante que tiene el ser humano. Ese afecto genuino entre dos personas, el deseo de dar y de recibir, de compartir, de proyectar y de creer que se puede y que vale la pena contar y confiar en el otro.

Amor en Español, mīlestība en Letón, love en Inglés, Amour en Francés, Amare en Italiano; y podría traducirlo en los siete mil idiomas que hay en el mundo, que de igual manera acá o en India, el sentimiento de querer a alguien desde las entrañas de nuestro ser, siempre va a ser el mismo.

Y digo siempre, inevitablemente y ante cualquier cosa que pueda pasar entre dos personas: cuando hay amor, nada puede ir contra eso. Y creo, firmemente, que todas esas palabrerías de las fases lunares, nuestro signo del horóscopo y los trinos que se puedan formar entre el sol, la tierra y algún otro planeta que anda rondando por el espacio orbital; tiene mucho que ver en la manera de amar que tiene cada una de las personas.

Nacer bajo la influencia del signo de Piscis, les aseguro que me hizo la persona más intensa, sensible y emotiva que pueda existir en la faz de la tierra. No sé muy bien cuál era la fase lunar en ese momento, pero seguro al momento de parirme la luna era llena y estaba en su máximo apogeo de las relaciones y el nivel de intensidad.

Somos signos de agua y estamos regidos por Neptuno: lo que le da a un pisciano sensibilidad, espiritualidad, bondad. Además de que somos seres absolutamente intuitivos, y siempre en nuestras relaciones buscamos la fusión perfecta. Cuando leí esto me puse a pensar, es difícil a veces entre tanto concepto y palabra en vano, identifica las características de uno con lo que dice un horóscopo o hasta un astrólogo.

Increíblemente, y seguro que ningún pisiciano me va a decir que estoy mintiendo, siempre nos interesa podemos conectar mentalmente con alguien. El envase trasciende sobre cualquier mente que nos atraiga y nos haga levitar. Increíblemente podemos fallar una y mil veces, el concepto de amor puede fracasar; pero siempre damos mucho más de lo que recibimos y amamos intensamente.

Un día leí un libro donde una chica tenía que definir cuál de todas las palabras que existen en el mundo la definía, mejor dicho o como bien decía la autora: qué palabra era la suya. Mientras leía ese capítulo, estuve rato pensando cuál era la palabra que me definía a mí. Seguramente tengamos miles, pero sé que una de las más importantes es: amor.

El amor define todo lo que pasa a mi alrededor. Puede cambiarme el humor e indudablemente -y bajo la lupa de alguna experiencia amorosa que tuve por allí- si conseguimos a la persona correcta, el amor puede hacernos una mejor persona. Me costó mucho tiempo cambiar algunas cosas que tenía incorporadas a mi vida y que de alguna manera no me eran del todo sanas. Sin embargo y sintiéndome muy cursi al respecto, ee di cuenta que el amor todo lo cura y todo lo transforma.

Cuando era chica en lo único que pensaba era en el amor para toda la vida, el de para siempre y los finales felices de los cuentos que me contaba mi mamá antes de dormir. Bueno, creo que a todos nos pasa un poco eso cuando estamos en la infancia. Tenemos voluntad, creemos en el amor y aún así a veces nos cuesta soltarlo y que sea libre.

Me costó muchos años de mi pequeña juventud entender al amor en su condición de libertad y creo que todavía no lo sé aplicar del todo bien. Me costo casi un año saber al amor bajo el concepto de la elección, y entender que elegir a alguien implica también ser libres a la hora de hacerlo.

Quizás el amor es eso: aceptarse y elegirse, entenderse y acompañarse. Cada uno desde su lugar, cada uno como puede y como va queriendo. Este tiempo aprendí que es fundamental amarse a uno mismo para poder sentirse pleno, y compartirse en su mejor versión con la persona que elegimos.

Sin embargo podemos elegir a la misma persona en infinidades de momentos y situaciones, porque a veces solo basta con mirar a alguien a los ojos y saber que ahí hay amor.

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