Que el destino te sorprenda, dije una vez, con un tono más esperanzador de lo que hubiese querido. Como si creyera que poner el futuro en manos del destino, iba a ser la solución a un montón de problemas. Como si el destino, nos iba a jugar una buena pasada, y nos iba a sorprender mirándonos con el chico que nos gusta.
Que el destino te sorprenda, le dijo una vez a alguien y automáticamente cerré los ojos. Como si al cerrar los ojos hiciéramos fuerza para que lo que queremos se cumpla más rápido. A pesar de que yo no tenía mucha idea de lo que quería, ni tampoco lo que quería ella; se la veía iluminada cuando se lo dije. ¿Será que el destino la sorprende con el amor?.
Que el destino te sorprenda, volví a repetirme a mi misma, y hasta me convencí que lo mejor era dejar al futuro librado al azar.
Me terminé convenciendo de que el destino iba a tenerme preparada una jugada, que me agrande el corazón y me achique el estómago. Me terminé convenciendo de que hay cosas que simplemente llegan, me terminé convenciendo que desistir de buscar era mi mejor opción; su mejor opción.
Que el destino te sorprenda, lo repetí bajito todos los días desde lo que dije. Como una especie de mantra, mientras meditaba por la mañana. Como un lema que hay que seguir a raja tabla y sortear todo pensamiento que implique creer que eso que nos va a mover, nunca va a llegar. Como un frase, que tenemos que grabarnos a fuego, para por fin y de una vez por todas, dejar de esperar y abrirnos a la idea de que el destino nos puede sorprender a la vuelta de la esquina.
Que el destino me sorprenda, volví a decir mientras me acomodaba el pelo y corregía el labial, que se me había corrido dos pintas después.
¿Que el destino te sorprenda? me cuestione para adentro y me reí, mientras me miraba en el espejo ese aire esperanzador que no sabía de donde lo había sacado.
Que el destino te sorprenda, y abrí la puerta del baño de la cervecería a la que voy de vez en cuando, y estaba ahí parado. Estaba igual que siempre, igual que como lo pienso cada vez que veo algo que me recuerda a el. Igual que siempre, pero más lejos que nunca.
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