martes, 5 de noviembre de 2019

Marcharte

A duras penas levantamos la ropa, que estaba tirada en la habitación. Yo ya no sabía si era una despedida o si la mañana nos iba a encontrar juntos, pero vos estabas diferente.
Te pusiste la remera, apurado, sin mirarme, como arrepintiéndote de lo que había pasado. Me dijiste que tenías que irte, que tenías que llegar a otro lugar que quedaba bastante lejos de donde estábamos y que no querías retrasarte. 
Te dio prisa marcharte y era la primera vez, después de tanto tiempo, que eso me provocaba un vacío extraño de llenar. Era la primera vez, después de tantas sábanas por medio, que me dolía tu desentendimiento, tu distancia, tu insensibilidad. 
Te dio prisa marcharte, te dio prisa cerrar la puerta de esa habitación y no hacer vuelta atrás. Querías irte, querías despojarte de todo lo que habíamos sentido por tanto tiempo, querías dejarlo todo atrás. 
Te dio prisa marcharte, nunca tuviste intención de quedarte. 
Recuerdo esa noche como si fuese ayer, recuerdo la frialdad de tu mirada, tu distancia. Por alguna extraña razón, lo que habíamos sido ya se había evaporado, no quedaba nada entre los dos.
Te dio prisa marcharte, nunca tuviste intención de quedarte. 

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